Me encontraba almorzando un lunes con amigos, cuando uno de ellos incendió la mesa con la siguiente pregunta: ¿Deberíamos prohibir el Partido Comunista? He aquí una exposición un poco más detallada de los argumentos que esgrimí aquel día sobre el tema del Partido Comunista, pero que pueden ser aplicables a cualquier agrupación de individuos.
Una versión resumida de mi argumento es la siguiente: no, no se debería prohibir un partido porque se llame Comunista, o porque use la hoz y el martillo; es más, no debe prohibirse ningún partido. Pero eso no quiere decir que todos los partidos puedan existir; aquellos en los que, si se cumpliera lo que ellos proponen, destruyeran o dañaran lo que dicen proteger, son ilegítimos, y por tanto nulos de pleno derecho desde el momento de su concepción.
Ahondando un poco más, digo que hay una razón meramente práctica sobre por qué no vale la pena prohibir este partido o cualquier otro por el nombre o la simbología. Esta es que es un error suponer que los partidos son lo que se llaman, y no son lo que no se llaman. Si lo que se prohíbe es el nombre Partido Comunista y su simbología, solo les bastaría a los comunistas con hacer otro partido con diferente nombre y diferente simbología, pero sus ideas seguirían intactas y contarían con el blindaje retórico para engañar a los votantes diciendo: “Nosotros no somos comunistas, porque el comunismo está prohibido en este país”, siendo que lo que realmente se prohibió fue un nombre y unos cuantos símbolos.
Además, del mismo modo que a veces hay partidos que creen cosas que no están en sus logos o nombres, también hay partidos que tienen determinados nombres y símbolos y no se comportan conforme a ellos. Lo ilustro con un ejemplo: para las elecciones presidenciales de Chile en 2025, la segunda vuelta fue contendida por José Antonio Kast, del Partido Republicano (derecha), y Jeannette Jara, del Partido Comunista (izquierda). Si solo nos guiamos por los nombres, pensaríamos que el Partido Demócrata Cristiano es demócrata y es cristiano; por lo tanto, no apoyaría a la candidata de un partido que no es demócrata (el Partido Comunista de Chile tiene en su declaración de principios el leninismo, que no es precisamente un pensamiento democrático), y que tampoco es cristiana (recordemos la célebre frase de Marx: “la religión es el opio del pueblo”). Y, aun así, el Partido Demócrata Cristiano apoyó a la candidata del Partido Comunista. Igualmente, si nos guiamos solo por nombres, no pensaríamos que el Partido Liberal, que suponemos tiene algún interés por el individuo, apoye a la candidata de un partido colectivista; y, sin embargo, el Partido “Liberal” respaldó al Partido Comunista durante la segunda vuelta presidencial.
Nos damos cuenta, entonces, de que el nombre, los símbolos, los slogans y todo esto no nos entregan realmente información sobre lo que se piensa y, más aún, sobre lo que se hace dentro de un partido político. Por eso creo que carece de sentido censurar ciertos nombres de la posibilidad de participación política.
Lo que muchos podrían decir es que entonces no se deben censurar el nombre y los símbolos del Partido Comunista, sino las ideas comunistas en sí mismas. Esto podría parecer sensato, hasta que despegamos el pie del acelerador y nos recordamos que defendemos la libertad. Y no puede defenderse consistentemente la libertad con coacción, la justicia con injusticia o el bien con el mal, pues el fin no justifica los medios, sino que los medios ensucian o engrandecen al fin. Si se busca hacer justicia por medio de una injusticia, entonces el resultado final será necesariamente injusto, y así con los otros ejemplos dados.
¿Qué hacemos entonces con estos comunistas? ¿Dejamos que participen campantes en el juego democrático y nos arriesgamos a que socaven la poca libertad que nos queda? Esto es lo que algunos liberales entreguistas o buenistas piensan, pero no es lo que yo pienso.
Me parece que, para solucionar esta aparente paradoja, debemos hacer el siguiente razonamiento: el Partido Comunista es una organización compuesta por individuos que, si es congruente con su nombre, tienen un objetivo: llegar al comunismo, o más bien, a la “sociedad” comunista. Ahora bien, dejemos esto en remojo por unos párrafos y retomémoslo posteriormente.
Tenemos, por otra parte, una serie de hechos relevantes: 1) vivimos en sociedad; 2) si las personas vivimos en sociedad, es porque los beneficios de vivir en sociedad superan a los costos; 3) a lo menos, económicamente hablando, algunos de los beneficios de vivir en sociedad son que no necesitamos producir todos los bienes y servicios que necesitamos para solventar nuestras necesidades, sino que podemos enfocarnos en algún bien o servicio que produzcamos con mayor eficiencia e intercambiarlo por todos los otros bienes y servicios que necesitamos.
Por tanto, una sociedad no es más que la suma de las ponderaciones de costo/beneficio de quienes la conforman; es decir, no es más que la suma de sus partes. No puede beneficiarse la sociedad como colectivo abstracto si perjudica a un grupo para agradar a otro, pues este colectivo abstracto no existe.
Además de esto, sabemos, ya sea por la razón, por medio de teorías como la ética de la argumentación, o por la gracia de Dios, que los individuos tienen derechos que son anteriores a la sociedad, pues se encuentran inculcados en su naturaleza o en su estructura mental. Estas teorías no son mutuamente excluyentes, pero sí pueden sostenerse individualmente.
De modo que, si se toma lo anterior, por cierto, se tiene que el ser humano posee ciertos derechos que son anteriores a la formación de las sociedades; que el ser humano ve ciertos beneficios en agruparse socialmente; pero que, si viera que los costos de agruparse socialmente superan a los beneficios, abandonaría la sociedad y se volvería ermitaño.
Sabemos también que es de interés para el ser humano maximizar los beneficios de vivir en sociedad y mitigar los costos de esta todo lo que sea posible. Por ello, el ser humano ha creado ciertas tecnologías sociales que le ayudan al fin anteriormente propuesto. Por lo mismo, no tendría sentido usar una tecnología social para destruir la sociedad, aumentar los costos de vivir en sociedad o, peor aún, para destruir los derechos que precedían la existencia de la sociedad. De modo que cualquier intento por usar estas tecnologías como medio para conseguir un fin que es contradictorio con el propósito de su creación es ilegítimo y nulo de pleno derecho.
Del mismo modo que no puedo buscar hacer justicia con actos injustos, no puedo pretender aumentar los costos de vivir en sociedad con las herramientas que fueron creadas para amenizar la vida en sociedad.
Con eso en cuenta, volvamos con la organización del Partido Comunista. Si la “sociedad comunista” se llegara a concretar, a lo menos se extinguiría el Derecho, pues los comunistas lo ven solo como otra expresión más de lo que sea que signifique la superestructura capitalista y, los derechos naturales preexistentes del ser humano, también serían negados, pues, para un comunista, no existen tales cosas como derechos universales, sino solo expresiones históricas de métodos de producción.
Si recordamos los párrafos anteriores, podemos intuir que el Derecho es una de las tecnologías sociales que el hombre ha creado o descubierto para intentar aumentar los beneficios y disminuir los costos de vivir en sociedad, y los derechos naturales precedían a la sociedad, por lo que perderlos por participar de la sociedad es, evidentemente, un costo.
De modo que una “sociedad” comunista aumentaría a tal nivel los costos de vivir en sociedad, que estos superarían a los beneficios, y, por lo tanto, la sociedad comenzaría un proceso de disolución; es por ello que he colocado las comillas para esta supuesta sociedad.
De este modo, entendemos que no solo el comunismo como idea, sino cualquier agrupación de individuos que busque instituirse por medio de las tecnologías sociales que el ser humano ha creado o descubierto para reducir los costos de la vida en sociedad, y cuyo fin expreso sea aumentar los costos de vivir en sociedad, reducir los beneficios o disolver la sociedad, es ilegítima y queda nula de pleno derecho.
Es por ello que nunca el tema ha sido sobre si prohibir determinadas agrupaciones, sino que hay determinadas agrupaciones cuyos fines son ilegítimos y, por tanto, se disuelven en el acto.
La prohibición es la censura de una opción posible que se ha decidido limitar; pero conformar una agrupación que busque destruir la sociedad por medio de las propias instituciones que la sociedad se ha provisto para preservarse y mejorarse no puede ser prohibido, pues eso supone una validez previa: es ilegítima y nula desde un comienzo.
Es cierto que podemos tener dificultades para ver qué fines disminuyen los beneficios o aumentan los costos de vivir en sociedad. Pero hay una máxima que puede ser sostenida con facilidad: si por participar de la sociedad perdemos algo que era nuestro con anterioridad, entonces eso hace que no sea provechoso agruparse socialmente.
De este modo, podríamos formular que cualquier intento por mermar o disminuir los derechos naturales va, por supuesto, en contra del individuo, pero también en contra de la preservación de la sociedad; ergo, es ilegítimo y nulo de pleno derecho.
Solo por dar algunos ejemplos de proximidad, la serie de argumentos expresados, son también válidos para un hipotético Partido Nazi, pues dentro de estas ideas, estarpia el contemplar que solo una porción de la sociedad tiene derechos, la otra posee una categoría inferior a la de ser humano, y por tanto, no tiene derechos naturales, o estos derechos estarían subordinados al capricho de la porción de la sociedad que, arbitrariamente, se escoja.
Por supuesto que la democracia totalitaria (aunque no se si hay de otro tipo) cae en esta situación también: si se cree que los derechos naturales del individuo están a disposición del voto popular, entonces esto también la hace parte del mismo error.
Por tanto, cualquier agrupación que busque eliminar o reducir los derechos naturales, independientemente de su nombre, símbolo, poder o número de adherentes, es ilegítima y nula en el acto. Y esto, por supuesto, no se limita solo al Partido Comunista, sino que es válido para todas las agrupaciones que puedan ser identificadas como tal.