A pesar de ser un tema relativamente poco explorado, considero de suma importancia reflexionar sobre él. Es fundamental para entender el estancamiento o la poca evolución de muchos sectores de la economía y cómo esto explica muchos de los problemas a los que nos enfrentamos diariamente, que son mal atribuidos al liberalismo/capitalismo. También es esencial, al menos, intentar dilucidar el carácter ético de la propiedad intelectual para sentar las bases teóricas de la argumentación en contra. Determinar si la propiedad intelectual es correcta o no constituye, finalmente, lo que realmente importa para avanzar hacia una sociedad de principios libertarios.
Platón describe un mundo abstracto y perfecto al que los seres humanos accedemos a través de la razón: el mundo de las ideas. Pues bien, ¿el concepto de propiedad material es igualmente aplicable al mundo de las ideas? Podemos empezar por definir la propiedad material como un derecho de exclusividad que otorga poder de decisión sobre un bien sin que terceros puedan interferir coactivamente sobre él. Por lo tanto, una patente es el derecho de exclusividad que permite explotar un invento y/o sus mejoras.
La propiedad soluciona un problema de escasez material: si dos personas desean construir su casa sobre un mismo terreno, la persona que sea propietaria de dicho terreno tiene el poder de decidir qué, quién, cuándo y cómo se puede construir en su terreno. Y aquí tenemos el principal problema: el concepto de escasez no es aplicable al mundo de las ideas. Una persona puede pensar en una idea concreta y esto no impide que otra persona pueda formular al mismo tiempo la misma idea. Por lo tanto, la propiedad material es escasa, mientras que la propiedad intelectual no lo es.
Además, esto de una «idea concreta», ¿qué es? La propiedad material tiene la característica de que es fácilmente delimitable y, a través de los acuerdos libres entre partes, se pueden resolver los problemas que la delimitación pueda generar. Por otro lado, debido a su naturaleza abstracta, la delimitación de una idea es más complicada, aunque no imposible. En el momento en el que una idea es transmitida, esta sufre inevitablemente mutaciones y variaciones de acuerdo con la interpretación subjetiva de cada individuo, sin que esto afecte a la idea inicialmente concebida. Incluso un conjunto de palabras en un orden determinado puede tener distintos significados de acuerdo con su contexto o entonación. Por lo tanto, el segundo elemento problemático es la transmisión y delimitación de una idea.
En cuanto a la apropiación original, la inspiración consciente o inconsciente en ideas ya existentes es ineludible para la creación de nuevas ideas y el desarrollo de la creatividad humana. Normalmente, una nueva idea es una unión de elementos anteriormente no relacionados que, en combinación, crean un elemento distinto. También se puede comprobar históricamente que muchas ideas han surgido en lugares distintos, con contextos distintos. Dada la naturaleza inescasa de las ideas, intentar limitar su uso a través de los derechos de propiedad siempre se verá limitado por un componente territorial en el cual sí exista un aparato coercitivo capaz de imponer límites a la utilización de dicha idea.
Es común escuchar que las patentes son fundamentales para fomentar la innovación y estimular la competencia. Sin embargo, este enfoque aparentemente positivo tiene consecuencias contraproducentes y genera obstáculos para el verdadero progreso tecnológico.
A primera vista podría parecer que se incentiva la creatividad, dado que se asegura que el inventor pueda beneficiarse de «su idea». No obstante, esta visión es simplista e ignora cómo funciona realmente el desarrollo tecnológico. La tecnología generalmente se desarrolla paulatinamente: se mejora sobre lo que ya existe. Por ejemplo, pensemos en una computadora moderna. La idea de un dispositivo con un procesador central, una memoria y periféricos de entrada y salida de datos es, en esencia, la misma idea que la de una computadora de hace 80 años, con la diferencia de que una computadora moderna es diametralmente mejor en cualquier aspecto.
¿Qué habría pasado si se hubiera otorgado una patente al inventor de la idea de una computadora? ¿Existirían los celulares o cualquier otro dispositivo del estilo?
Al analizar el aspecto competitivo de un mercado, una vez obtenida la patente, el inventor no tiene incentivos para seguir mejorando la invención, puesto que posee el monopolio de tal invención. El incentivo consiste en asignar el precio más alto posible, como en cualquier monopolio. Las patentes también son utilizadas por grandes empresas a modo de blindaje: cualquier competidor que se atreva a intentar ganar cuota de mercado deberá incurrir en largos y costosos procesos judiciales. Esto otorga una ventaja competitiva que no beneficia ni satisface ninguna necesidad de los consumidores. Puesto que el Estado concede estos permisos y patentes, estas terminan funcionando como armas políticas. El gobernante de turno puede otorgar patentes a sectores o empresas afines para eliminar a opositores o a una competencia molesta. En el caso de países en vías de desarrollo, las patentes son especialmente nocivas, ya que limitan o directamente impiden el acceso a tecnologías potencialmente beneficiosas para el desarrollo económico de los más pobres.
También podemos evaluar brevemente la evolución y la innovación en sectores en los que, afortunadamente, no hay propiedad intelectual o, a efectos prácticos, no existe, y así darnos una idea de cómo muchos aspectos de nuestro día a día podrían ser diferentes.
Por ejemplo, en la academia de la ciencia teórica siempre hay algún tipo de evolución o avance. Nadie puede patentar o registrar una nueva fórmula, un nuevo teorema o una nueva rama de la ciencia: es un disparate. Además, dentro de la comunidad científica se vería con muy malos ojos. Personalmente, considero que el trabajo de producir nuevas ideas en estas áreas tiene mucho más mérito y exige más trabajo; paradójicamente, es uno de los sectores en los que no existe propiedad intelectual y en el que tendría cierto sentido que se pudiera aplicar. He de decir que estoy totalmente en contra de la propiedad intelectual, por si no ha quedado claro; esto solo es un pequeño guiño a la tremenda admiración que guardo por los científicos de las ciencias naturales.
Consideraciones personales aparte, es evidente que, para que la ciencia evolucione y avance, es absolutamente necesario continuar el proceso de «producción» de nuevas ideas sobre lo ya existente, tanto para refutarlo como para mejorarlo o ampliarlo. Citando al físico más brillante de la historia, Sir Isaac Newton: «Si he visto tan lejos, fue parándome sobre hombros de gigantes».
Otro ejemplo es el jazz. Dada su naturaleza improvisativa, el éxito de un músico depende de su capacidad de ejecución y no de poseer los derechos de autor de sus composiciones. Autumn Leaves o Summertime son ejemplos clarísimos de obras que han sido reinterpretadas cientos de veces sin que su uso sea limitado. El artista no depende de simplemente registrar la canción y promocionarla; en cambio, su éxito depende de su capacidad para reinterpretarla de tal manera que los consumidores de jazz acudan a los espectáculos en vivo y compren los discos. Los casos de grandes artistas como Louis Armstrong, Duke Ellington o Miles Davis resultan especialmente ilustrativos, puesto que ganaron su fama y fortuna a través de presentaciones y giras en vivo más que por limitar el uso de sus obras.
En el sector del software también existe un ejemplo importante que representa el espíritu antipropiedad intelectual. Estoy hablando del software de código abierto y, específicamente, de las distintas comunidades que componen Linux. Aunque, evidentemente, Linux se utiliza poco en términos de sistemas operativos, sí puede guiarnos en cómo podría funcionar el sector del software en un mundo sin propiedad intelectual. Linux es un sistema mucho más respetuoso con la privacidad y el modelo de negocio está más relacionado con proveer soporte técnico especializado. Además, al ser de código abierto, permite una alta personalización, lo que lo hace perfecto para empresas que precisen usos específicos. Por ejemplo, prácticamente todos los servidores del mundo funcionan con alguna distribución Linux. Aunque es cierto que para el usuario final son necesarios ciertos conocimientos mínimos para utilizar estos sistemas operativos —fácilmente adquiribles en una tarde con un par de tutoriales en YouTube—, la experiencia de usuario no es tan refinada como sí lo es en los sistemas operativos dominantes. También he de decir que, en este sentido, se ha mejorado mucho, de modo que en algunas distribuciones la experiencia de usuario es muy buena. La propia comunidad busca atraer a nuevos usuarios para que el mercado crezca y haya más posibilidades de monetizar a través de otros medios.
Las patentes y, en general, la propiedad intelectual son un obstáculo para la innovación, conceden privilegios arbitrarios y obstruyen el desarrollo de países pobres. Y, aunque no lo fueran, tampoco serían éticamente defendibles: la propiedad intelectual es injusta.